La búsqueda de trabajo y sus nefastas consecuencias para la salud

nope.via Society6

Casi mes y medio de sequía. Pa’ matarme. Lo peor de todo es que no es porque haya tenido un verano trepidante lleno de planes que no me han dejado pasar a escribir algo en el blog. Qué va. Planes ha habido, muchos muy chulos, pero si no he escrito no ha sido por eso. Es que buscar trabajo es una mier*a.

Hala. Ya lo he dicho. Y hablo con conocimiento de causa porque he estado dos meses dedicándome a eso full time. Lo sé, puedo parecer quejica frente a los miles de parados de larga duración a los que a la desesperación de no encontrar trabajo, se le une la angustia de tener cuatro churumbeles que alimentar. Yo no me quejo, sólo pretendo relatar algunos aspectos ocultos de una realidad que por lo que he visto, compartimos muchos de los que nos enfrentamos a esto.

>> Ya puedes ser la persona más estable del planeta (no me incluyo en este grupo) que, si te descuidas, pasar un mes en casa buscando trabajo acabará con tu salud mental. <<

Me resulta curioso que, siendo algo por lo que mucha gente pasa, es un poco tabú. Alguien debe de estar intentando silenciarlo, ¿no? Porque nadie suele reconocer que lo que sigue a unos cuantos “unfortunately your application did not succeed to the next step of the process” es pasar días en pijama viendo temporadas completas de Friends e ingiriendo cantidades obscenas de carbohidratos. Eso tiene que acabar pasando factura por algún lado… Yo tengo una teoría.

insanevia Tumblr

No tengo ni idea de psicología pero hay algo que me chirría de todo este tema. La cosa es que tú estudias psicología y, cuando acabas, puedes elegir entre la opción a: dedicarte a la psicología clínica (de terapia, diván y todo el rollo) o la opción b: pasar a formar parte del equipo de recursos humanos de una empresa (alguna opción más habrá, pero me interesan estas dos). Si eliges la primera ayudarás a tus pacientes en sus momentos más bajos a superar problemas de autoestima, ataques de ira, ansiedad, depresión, adicciones… Y luego está la otra opción, que implica formar parte de un sistema que desquiciaría al más cuerdo. Esta rama de la profesión consiste en diseñar procesos de selección que combinen dosis de absurdez y malignidad. Según la proporción de una y de otra al candidato le parecerá estar en El Gran Juego de la Oca (me parto con esta web) o en una peli de Saw. El proceso tipo sería algo así:

Fase 1: application online con información básica sobre ti y tu CV.

Fase 2: batería de tests online (poquita cosa… una vez que hayas hecho los de prueba, en 3 horitas los tienes hechos). Los hay de personalidad, que intentan averiguar sutilmente si estás como una regadera o no, y de razonamiento numérico, verbal, lógico para ver cómo de tonto eres. Estos últimos son el equivalente de darle un plátano dentro de una caja a un mono. Lo sentimos, si eres un psicópata o un poco cortito, te quedas en esta fase.

Fase 3: formulario exhaustivo para conocerte mejor (y para cribar a los débiles de corazón). Incluye preguntas del tipo “¿Por qué estás interesado en trabajar en esta empresa? (500 palabras)”, “¿Qué te hace destacar para este puesto? (1000 palabras)” (¿1000 palabras positivas sobre uno mismo? ¿Será que hay que tener un punto narcisista para conseguir trabajo? ¿o será que no doy la talla?), “¿Cuál ha sido tu mayor éxito?” (aquí empiezas a cuestionarte los pilares más básicos de tu vida), “¿Cuál ha sido tu mayor fracaso?” (ya que te tienen con la guardia bajada, aprovechan para darte la puntilla). Hay otros formularios, que van de subliminales, y tratan de predecir tu comportamiento futuro basándose en situaciones del pasado con preguntas de este tipo: “Describe una vez en la que hayas sido líder de un proyecto que haya fracasado porque uno de los compañeros de equipo no fue lo suficientemente responsable y su descuido hizo que tuvieras que enfrentarte a un superior y convencerle de que tu propuesta era mejor que la suya y basaras tu argumentación en datos numéricos.” Boom. El pensamiento “no he hecho nada con mi vida” hace su aparición.

Fase 4: entrevista telefónica. Incluye las mismas preguntas que la fase 3, sólo que esta vez hay alguien tecleando por ti al otro lado del teléfono. Redundante y desquiciante. El propósito de esta fase es hacerte sentir muy raro al verbalizar cosas que, en cualquier otra circunstancia, nunca dirías de ti mismo. Circula por ahí un consejo que dice que imagines que estás hablando de otra persona. Pero hay que tener cuidado, hay quien ha llegado a desarrollar trastornos de personalidad múltiple en esta fase.

Fase 5: “Enhorabuena, has sido invitado a una entrevista en nuestras oficinas. Tenemos sede en tu ciudad, donde desarrollarías el trabajo una vez que acabes con toda la mier*a que tenemos preparada para ti, pero preferimos que vayas a Mordor (quien dice Mordor dice Birmingham).” Esta fase presenta ante el equipo de recursos humanos todo un universo de nuevas posibilidades. Una buena es que cuando llegas allí te dicen que ellos están entrevistando para otro puesto, no para el que tú has solicitado, y que no entienden qué haces allí porque no tienen nada que ver entre ellos (true story). En este punto el atribulado candidato se plantea qué será lo siguiente: ¿el flequi o el péndulo?

Fase 6: email de “lo sentimos, no has tenido éxito porque otros candidatos han demostrado más interés que tú en el puesto”. Nos ha jo*ío mayo con las flores. Game over. Gracias por participar. Ganas de matar. Vuelve a la casilla de salida. Date a la bebida.

Repite el proceso tantas veces como solicitudes hayas hecho y todo lo que queda son problemas de autoestima, ataques de ira, ansiedad, depresión, adicciones… ¡Necesitas un psicólogo tipo a!

john nashvia Tumblr

Y así, queridos, es como demuestro que todo esto es parte de una trama orquestada por una cúpula de psicólogos malvados que, tras años en las listas del paro, pretenden de este modo asegurar la empleabilidad de su profesión. Nos han convencido de que es un procedimiento normal al que debemos someternos cuando en realidad sólo quieren retroalimentar un ciclo de autodestrucción que acabará con la salud mental de la humanidad. ¿No lo veis? Quieren desquiciarnos a todos. Los colegios profesionales de psicólogos está en el ajo, seguro. Deben de estar infiltrados a todos los niveles. Probablemente se comunican entre ellos con mensajes encriptados en los crucigramas de los periódicos o en las cajas de cereales. Tengo que encontrar un patrón. Tengo que hacerlo para poder sacar este complot a la luz pública.

Os dejo. Tengo que ir a balancearme abrazada a mis rodillas en un rincón del salón.

B.

 

P.D.: Puestos a quedar de loquer me pido a John Nash. Así dejo la puerta abierta al Nobel…

P.D.2: Que no cunda el pánico. Prometo un post algo más luminoso sobre el tema cuando me recupere de este brote psicótico.

Lecciones de vida de una ex-tendera

eeshvia A cup of Jo

Hace unas semanas acabó para mí la aventura como tendera (dicho así parece que me hubieran echado de Supervivientes, pero no, me fui yo solita). Tenía algunos motivos para dejar el trabajo así que me armé de valor y lo hice. Pero yo, que soy una persona profunda y reflexiva, no me fui de allí con las manos vacías (bueno, en cierto modo sí, porque todavía estoy esperando a que me paguen el mes de julio), sino que abandoné el pintauñas gigante con ciertas cosas bien aprendidas sobre mí y sobre la especie humana en general. Y como, además de profunda y reflexiva, soy generosa (no tengo abuela, no), a pesar de la vergüenza que me da, estoy dispuesta a compartirlas con vosotros en este post:

>> No importa que creas de antemano que la respuesta va a ser un “no”, hazlo de todos modos <<

En la tienda donde he estado trabajando teníamos un guión que repetir con todas y cada una de las clientas. Un pequeño show para enseñarles los productos e incitarlas a comprar como si no hubiera un mañana. Bueno, pues por muy bien que te supieras la teoría, había veces en las que el sentimiento de “con esta tía no voy a llegar a nada” era tan fuerte que de verdad te quitaba las ganas de intentarlo (vale, esta frase también se puede aplicar a la hora de ligar, pero no van por ahí los tiros). La cuestión es que, cuando te sobreponías a la sensación de “me va a mandar a la mie*da” e ignorabas lo que la otra fuera a decir o pensar, la mayoría de las veces te salías con la tuya habiéndole vendido más de lo que pensaba comprar. ¡Já! Conclusión: nos suele ir mucho mejor si no nos saboteamos antes de intentarlo.

>> Los complejos son múltiples y variados pero todos tienen algo en común: son estúpidos <<

Estoy a favor de que todo el mundo tenga derecho a elegir lo que, a su entender, más le favorezca. No discuto eso, pero es que lo de las mujeres es de traca…

“¿Ese color para mí? ¡Ni loca! Con lo pálida que soy…” 

“No, yo no puedo llevar tonos claros porque me hacen parecer más oscura.” 

“Yo sólo me las puedo pintar de rosa claro porque tengo los dedos muy gordos.” (!?!)

“Purpurina no, que destaca demasiado el volumen que de mis uñas.” (!!?!!)

“Tengo las uñas demasiado pequeñas como para llevarlas pintadas de verde.” (!!!?!!!)

En serio, ¿qué clase de problema tenemos? Una vez más, ahora de otro modo, nos encanta autoimponernos noes que no tienen ningún tipo de sentido. Si consiguiéramos dejarnos de tanta tontería…

 >> Las convenciones sociales son eso, convenciones sociales <<

Y, queridos, no tiene sentido juzgarlas duramente basándose en otras convenciones sociales. Ejemplo:

– ¿Naranja para las uñas? ¿Estamos locos? Habrase visto… – dijo la señora escandalizada, con sus uñas pintadas de rojo. 

 En serio, señora, ¿qué tipo de norma universal le confiere poder para despotricar de un color, frente a otro que es tan antinatural y artificial como el primero? Yo personalmente no lo puedo comprender. Y eso que aquí estamos hablando de uñas, que al fin y al cabo da bastante igual lo que haga cada uno con las suyas… Pero, ¿de verdad hay que manifestar ese radicalismo por semejante pego?

Una vez más, por supuesto que cada uno puede tener sus preferencias estéticas. Es lo de aferrarse a su opción como la única legítima lo que me da mal rollo. ¿No os suena a actitud peligrosa si se extiende a otros ámbitos? Por cosas como ésas se han empezado guerras, ya os lo digo… (No veáis cómo filosofaba yo cuando me dejaban sola en la tienda. Da hasta un poco de yuyu que se me fuera tanto la pinza, ahora que lo pienso…)

>> El cliente que llega dos minutos antes de cerrar no es bienvenido <<

Todos hemos sido ese cliente alguna vez y nos ha sentado mal la miradita de desprecio que probablemente hayamos recibido. “¿Será posible? ¡Encima de que vengo a gastar dinero en su tienda!” Pues queridos, el pensamiento de una tendera se parece más a “¿Qué car*jo querrá esta petarda ahora que estoy a punto de irme a casa?” Es inevitable y, aunque en ningún caso es aceptable que la tendera en cuestión manifieste sus pensamientos de este tipo, un poquito de comprensión por parte del cliente tardón nunca viene mal. Que el cliente siempre tiene la razón, sí, pero nada le da derecho a colarse por debajo de la persiana cuando tengo el chiringuito medio cerrado (y darme un susto de muerte ¡leñe!).

B.

Maravillas del verano inglés

flakevia Pinterest

Cuando empecé este blog me juré a mí misma no caer en el recurso fácil de escribir sobre el clima británico. Todos lo sabemos, está muy trillado, aquí el tiempo es una mi*rda. Pero, en mi juramento no dije nada al respecto de las estaciones del año en Inglaterra y por ahí me voy a escapar hoy, que comparto con vosotros dos observaciones con espíritu pseudocientífico sobre las inglesas y el verano en este país.

(Quiero que se tenga en cuenta que voy a hacer un gran esfuerzo por que el hecho de estar empapada en pleno mes de julio, intentando dejar de tiritar delante de un café calentito no mine mi objetividad ni agrie mi alegría y optimismo habituales al escribir.)

Durante el verano en Londres se produce un fenómeno paranormal muy chungo (supongo que se habrán dado más casos en el resto de Reino Unido, pero yo hablo de lo que sé). La cuestión es que a partir de una determinada fecha, que según mis observaciones sería a finales de mayo/principios de junio, está socialmente aceptado que las inglesas sean naranjas. Tal cual. Imaginad mi asombro cuando, sin que a mí nadie me avisara, empecé a ver cómo este síndrome afectaba a más y más mujeres a mi alrededor. ¿Qué me he perdido? – me preguntaba yo atónita – ¿Habrá comenzado la temporada de la zanahoria? ¿Estarán celebrando el trigésimo-tercer cumpleaños de Naranjito?

Nada de eso, queridos. Resulta que cuando en España nos estamos quitando el sayo, aquí se dedican a quemar la oferta de 3×2 en autobronceador (visto lo visto, lo del quitarse el sayo nunca acaba de ser buena idea por estas latitudes…).  Mi pregunta entonces es: ¿A quién pretendéis engañar, almas de pollo? Es una mentira a voces que de la que todo el mundo está al tanto y que además favorece bastante poco. ¿De verdad ése es el efecto que buscabais u os pasasteis contando misisipis como Ross?

Que no se me enfade nadie, que conozco a muchas personas que juran por su autobronceador y no lo han llevado hasta este nivel. Y vale que yo soy defensora a ultranza de la palidez natural (en parte porque no me queda más remedio), pero ¿de verdad que éste puede ser el ideal de belleza de alguien? Bueno, retiro la pregunta porque no quiero que mis juicios desvirtúen el afán científico de este post. Si las inglesas son fans del look Valentino para pasar el verano, allá ellas.

summer rainvia We Heart It

Y como no todo va a ser rajar, ahora me toca reconocer algo que las inglesas hacen mil veces mejor que las españolas. En este país, mujeres de todas las edades son capaces de salir a la calle luciendo vestidito minifaldero, sin medias, con sandalias y gafas de sol, que les caiga encima un chaparrón que ni el que casi nos extingue a todos y, atención que viene el bombazo, no perder la dignidad en ningún momento. ¿El reflejo de agachar la cabeza e incluso sacar un poco de chepa cuando vas por la calle y empieza a llover a cántaros? Aquí no lo conocen. ¿El de “vamos a esperar un rato apelotonados debajo de la cornisa a ver si escampa”? Tampoco. Y la verdad es que no me extraña. El primero es totalmente inefectivo para el fin de no mojarse y el segundo, dadas las características más bien húmedas del clima, puede llevarte a pasar dos meses de tu vida atrincherado en un soportal.

Aquí son más de cabeza alta y continuar avanzando pisando fuerte, aunque sean charcos lo que pisen (esto podría ser una metáfora de una actitud ante la vida, pero no, es literal). De chochorts, tirantes y chanclas diga lo que diga el hombre del tiempo. Supongo que esta característica de comportamiento tendrá su origen en la adaptación al medio de las especies. Generaciones y generaciones de británicas pasadas por agua han llevado a esto.

Y la verdad es que yo, que me siento absolutamente miserable en el momento en el que se me mojan los pies, que tengo las sandalias acobardadas en el fondo del armario desde aquel paseíto veraniego que terminó en amago de pulmonía, no puedo admirarlas más. Lo sé, me queda mucho que trabajar para alcanzar mi completa mimetización con esta gente. Prometo emplearme a fondo. Con lo de no hundirme cuando me moje, por supuesto. Al autobronceador no pienso ni acercarme.

B.

P.D.: Para maravilla del verano inglés, los helados con flake como el de la primera imagen. Reconozco que, como adicta a ellos, estoy a un tris de que algún día me pase esto.

I am Buzzy. Big Buzzy.

muzzyvia Amazon

Desde que estoy en Londres no dejo de aprender nuevas palabras y expresiones que no conocía o que los ingleses usan de maneras diferentes a lo que se enseña normalmente en las academias de idiomas. Así que hoy, me pongo mi disfraz de Muzzy para compartir con vosotros algunas expresiones que, por una cosa o por otra, me han marcado desde que llegué a Londres. (No todo va a ser marujear sobre mi vida, ¿no?)

Proof of address: Instrumento de tortura empleado por bancos e instituciones británicas sobre el inmigrante recién llegado con el único objetivo de que vuelva a su país sumido en la frustración o se tire al Támesis con un pedrusco atado a los tobillos. Según el grado de sadismo del verdugo, las proofs of address aceptadas van desde cualquier factura o extracto del banco en la que se vea el nombre escrito en el sobre (éstas son las menos, para que os voy a engañar) hasta una misiva real firmada con tinta de unicornio por su majestad la reina (sí, banco Santander, te estoy mirando a ti). Lo realmente maquiavélico de todo esto es que cuando recibes la primera carta susceptible de ser utilizada sin chanchullos como proof of address, ya sabes que no la vas a necesitar nunca más. Aun así a mí a veces todavía se me cae una lagrimilla cuando veo mi nombre completo escrito en un sobre. No lo puedo evitar, me he quedado marcada.

Bless you: Mis compañeras del botellón de pintauñas no paran de usar esta expresión. No sé si estará igual de extendida entre el resto de la población o si es que ellas son híper-religiosas y van repartiendo bendiciones al más puro estilo Sandro Rey. No lo sé. Por lo que he ido deduciendo, es el equivalente a nuestro “pobreciiiito/a” con el matiz de que te importa un car*jo lo que le ocurra a tu iterlocutor. Os pongo ejemplos:

– OMG I’ve got my shoes covered in hot pink nail polish!

– Oooooh! Bless you! (sigue a sus cosas)

 

– Ouch! The broken till drawer just fell and smashed my foot!!

– Oooooh! Bless you! (sigue a sus cosas)

 

– Please, help! I think I’ve broken my leg and I can even see my bone!!!

– Oooooh! Bless you! (sigue a sus cosas)

I don't carevia Giphy

Scaffolding: Por suerte para ellos, los londinenses no han conocido la crisis del ladrillo, lo que hace que toda la ciudad esté sembrada de letreros donde se lee scaffolding o, dicho para entendernos, andamio. En Londres no hay casas para tantísima gente, por lo que tanto el ayuntamiento como unos cuantos empresarios espabilados y con ganas de hincharse a ganar (más) dinero, se han puesto a construir como locos. Además, ahora que ha llegado julio con el buen tiempo (M. y yo discrepamos con esta afirmación, pero ya os contaré eso otro día) a los inglesitos les ha dado por liarse la manta a la cabeza y ponerse hacer reformas en sus casas. Resultado: scaffoldings everywhere. (¡Hermana, vente pa’ Londres!)

Teal: Una clienta montó en cólera cuando no entendí a qué se refería con “dark teal nailpolish”. Por lo visto es un color verde azulado, pero para cuando lo descubrí la tía ya se había ido con su genio (y sin su pintauñas) a otra parte. Que le den, yo gané una palabra y ella perdió años de vida por ese pego. Total, de todas formas no lo teníamos…

Cheers: Ésta ya la conocía antes de venir pero al llegar aquí he descubierto que la usan mucho más de lo que yo imaginaba. Además de para brindar, utilizan esta palabra como un “thank you” pero más de colegueo. Utilizar sólo si se quiere parecer muy cool.

You alright?: Os voy a desvelar algo que va a dejaros locos. Los ingleses no preguntan “how are you?“. Se ve que están a favor de la economía verbal. Y yo creo también que les agrada la posibilidad de resolver la conversación con un “yes“, en vez de con una respuesta elaborada de algo que les importa un comino.

Massive: De toda la vida se ha estudiado en colegios y academias de España que si algo era muy grande se decía “huge” o, a veces, “enormous”, si te querías poner pijo. Pues, queridos, ahora lo que se lleva es decir “massive”. Y yo me pregunto: ¿tendrán la palabra massive y su significado algo que ver con Big Muzzy?

B.

 

Soltar lastre

flying balloons

via Bohemian Wornest

He buscado (sin éxito) una imagen a escala natural de la flamenca del Whatsapp. Y porque no la he encontrado, ¿eh? Que si no estaría aquí ella tan contenta coronando este post. Porque no hay mejor manera de describir cómo me siento. (Aprovecho este momento para lanzar desde aquí un llamamiento a la RAE para que apruebe el castellano ampliado con emojis. En serio, lo necesitamos.)

¿Qué flamencas ni qué leches?, os preguntaréis vosotros. Lo sé, llegar aquí así después de semanas sin decir ni pío no está bonito. Pero, ¿sabéis qué? Que me da igual lo que penséis. Ha sido un mes bastante chungo y ahora mismo estoy en un momento de “medaigualtó” que me encanta.

Es lo que tiene soltar lastre intensivamente, que es jod*do pero cuando lo consigues, flotas. Y así estoy yo, que si no salgo volando es por los incontables trozos de tarta de queso que he devorado en esta semana que hemos estado en casa. Es que mi madre es bruja, ¿sabéis? (no os preocupéis, que ella no se enfada. De hecho mi padre es el primero que se lo dice). Primero, porque es capaz de hacer una tarta a escondidas para celebrar mi última nota (sabe Dios que no pienso volver a estudiar nunca jamás) antes de que salga y, segundo, porque le sale tan rica que consigue que me cuestione seriamente cambiar mis planes de futuro por una tarta de queso. Lo que yo os diga, bruja perdía. Por suerte conseguí volver en mí (básicamente cuando se acabó la tarta) y M. y yo estamos ya de nuevo en Londres sanos, salvos y felices

Y liberados. Sí, los dos. Yo me he desprendido de cargas que he arrastrado durante mucho tiempo (podéis incluir aquí un palmo de mi antigua melena, ¿desmelenarse no era eso?) y él ya no tendrá que aguantar a la B. llorica y quejicosa a la que tenía que cuidar. M., querido, te vas a hartar de verme bailar.

Desmelenevia Giphy

Y una vez libre y sin ataduras lo que me quedan son un montón de planes por hacer: poner resultón el blog, decorar el nidito de amor, retomar mi faceta runner para seguir soltando lastre en forma de kilos (tanta tarta… luego pasa lo que pasa) y buscar un trabajo donde poder restregarle el título en la cara a quien haga falta. Ahora os dejo, me voy a flotar a otra parte.

B.

 

P.D.: Todos los que me habéis comentado algo sobre el blog durante estos días hacéis que flote aún más. ¿De verdad hay alguien más ahí aparte de los chorromil miembros de mi familia? Sois geniales.

Reflexiones bajo tierra

london underground poster 1via Buzzfeed

Desde que llegué a Londres y hasta que empecé a tener mis días hasta arriba de cosas que hacer, iba muchos días a recoger a M. del metro cuando salía de trabajar. Mientras lo esperaba veía a cientos de personas salir de la estación y siempre pensaba que parecía que venían de la guerra. Sudorosos, con el cansancio a sus espaldas, ansiosos por respirar aire directamente de la atmósfera y con esa expresión en sus caras como de quien acaba de vivir una experiencia traumática. Junto a mí solía haber muchas otras personas esperando a sus significant others (me encanta el Inglés. Donde nosotros diríamos “churri”, ellos dicen “significant other”, ¿no es genial?). Y los reencuentros eran épicos. Si Doisneau los pillara… A mí me recordaba un poco al comienzo de Love Actually (así soy yo,veo amor a mi alrededor).

Poco tiempo después de estas reflexiones tan profundas, la vida me ha dado la oportunidad de formar parte de esa manada sudorosa. Y yo le agradezco el honor, de verdad que se lo agradezco porque gracias a eso he podido estudiar desde dentro a lo más underground (jojojo) de la sociedad londinense.

london underground poster 2via Buzzfeed

Aprendí la técnica de “empujar-subir-empujar un poco más” hace años, en mis mañanas de C2 para ir a la universidad. Para los que lo hayáis vivido: si pensabais que aquello era una jungla, fliparíais con esto. En algunos casos extremos la masa de gente no permite ni siquiera que llegues al andén. Tienes que dejar pasar unos tres o cuatro trenes antes de empezar a tener opciones de subir. En esta fase puedes comprobar que los británicos están algo más evolucionados que nosotros. Lo que en Madrid se hace a codazo limpio, en Londres se hace ordenadamente y siguiendo las directrices de una voz en off que no deja de repetir que dejes salir antes de entrar. En mi opinión se lo podrían ahorrar ya que la mayoría de las veces los vagones vomitan un puñado de personas al andén en cuanto que se abren las puertas, sin dar opción a más.

Una vez dentro se pueden observar diversos especímenes que en conjunto forman la fascinante fauna del metro de Londres:

“El catatónico”: mira al infinito sin inmutarse aunque tu cara esté a dos centímetros de la suya. Muchas veces he intentado ponerlos a prueba cruzando la mirada con ellos, pero no hay manera, esa gente no tiene alma ni tiene ná (bueno, probablemente lo que tengan es mucho sueño). Yo siempre que me encuentro con alguno pienso que tendría un gran futuro como beefeater en la torre de Londres.

“El narcoléptico”: tiene una habilidad especial para encontrar asiento un instante antes de entrar en fase REM. Estoy convencida de que si tardara un segundo más en sentarse, caería desplomado en el suelo. Permanece con los ojos cerrados hasta que como un resorte se levanta cuando se abren las puertas en su estación. Me encantaría tener su poder para sacarle partido a mis trayectos de esa manera.

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via The Guardian

“El suspicious“: su curiosidad y afán de chismorreo es tal que no duda en dirigir su mirada al límite de lo que sus globos oculares les permiten sólo para poder leer el periódico del vecino. ¿El resultado? Son la viva imagen del emoji con cara de sospecha.

“El cadáver”: en un primer momento es muy fácil confundirlo con un narcoléptico cualquiera, sobre todo si lo encuentras ya “descansando la vista” cuando subes al tren. Sabes que estás ante un auténtico cadáver cuando te pasas todo tu trayecto intentando averiguar si respira y planteándote si deberías pulsar el botón de emergencia.

“La no-he-salido-en-pijama-de-milagro”: entiendo (y siempre defenderé a ultranza) que cualquier minuto que se le pueda robar al despertador es bienvenido, pero las chicas de esta categoría lo llevan al extremo. Su filosofía es “todo lo que puedas hacer en el metro, hazlo en el metro”. Todo. Peinarse, maquillarse, desodorizarse, rizarse las pestañas, ponerse las medias (!?!)… Se reconocen fácilmente porque llevan unos bolsos del tamaño del baúl de la Piquer.

paddington gifvia Giphy

“La baby on board”: dado lo temerario de los viajes en metro, alguien ha decidido señalizar a las embarazadas con unas chapas enormes con dicho mensaje. Me imagino que para evitar provocar partos prematuros que causarían retrasos en los trenes (si un inglés queda atrapado en las puertas del tren, su preocupación es mayor por los retrasos que esto pueda provocar que por los miembros que pueda perder. Ellos son así). Lo bueno es que la chapa en cuestión cumple una doble función ayudando al resto de pasajeros a distinguir a las embarazadas de las que… retienen líquidos (pongámoslo así).

“El que huele a curry”: se trata de un personaje misterioso éste. Nadie lo ha identificado nunca, pero se sabe que siempre está ahí, impregnando con su aroma todos y cada uno de los trenes desde primera hora de la mañana.

“El que se merece una categoría aparte”: lo malo de clasificar a la gente en categorías es que siempre queda alguien que no encaja en ninguno de los grupos y manda toda la clasificación a tomar por saco. Bueno, pues en Londres de esos hay millones. Y los hay de todas clases y colores. El que va en falda, la que tiene tatuados hasta los párpados, el heavy que lee un libro de autoayuda, la ejecutiva con zapas de Nike que come sushi… Todos conviven en el mismo vagón. Bueno, más que convivir, coexisten. Porque ninguno de ellos parece ser consciente ni de la presencia ni de las rarezas de los demás. Porque cuando todo el mundo es raro, las rarezas dejan de ser importantes y pasan desapercibidas. Porque, como decía mi paisano, cá uno es cá uno y hay gente pa tó.

B.

P.D.: Lo mejor del metro de Londres es el personaje que NO hay: el pobre alma de cántaro con el radio cassette o, peor todavía, con su acordeón cantando (y ya es mucho decir) baladas de hace años. Nunca olvidaré al que se desgañitaba diciendo que quisiera vivir sin aire y yo sólo podía pensar “cómo quisiera que lo intentaras”.

P.D.2: ¿Os cuento un secreto? He ido escribiendo está entrada poquito a poco durante mis trayectos en metro, cuando había espacio de maniobra suficiente como para mover el pulgar y teclear en el móvil. Con una cadáver al lado, la que no salió en pijama de milagro llevando a cabo todo su despliegue delante de mí, un suspicious mirando por encima de mi hombro para ver qué escribía tanto en mi móvil… Espero que, aunque sólo sea por eso, la experiencia haya calado y haya conseguido trascender a vuestras pantallas. ¿No os llega el olorcillo a curry?