Aventuras y desventuras de una yogi novata


forearmstand

via MindBodyGreen

El viernes fui por primera vez a un estudio de yoga de verdad. Hasta ahora había practicado en clases de gimnasio o en casa, pero el otro día comprobé que no tienen nada que ver con un intensivo de dos horas con una gurú internacional del yoga. He descubierto músculos que no salen en los libros de anatomía. He visto articulaciones que vosotros no creeríais. Y hoy, domingo, aún me duelen hasta las pestañas si inspiro profundamente.

No me entendáis mal, fue una experiencia genial de principio a fin. Al llegar al estudio hablé con un par de chicas, las dos igual de perdidas que yo, y asumimos que las tres teníamos el mismo nivel “beginner pelao y mondao”. Debería haber deducido que no iba a ser todo coser y cantar oms cuando me hicieron apuntar en mi ficha el número de la persona a quien llamar en caso de que me diera un chungo o me quedara trabada en algún asana.

La profesora abrió la clase con un discurso sobre el yoga, la paz interior y la unidad del cuerpo y el espíritu muy inspirador. Lo digo totalmente en serio, dijo cosas sobre las que llevo reflexionando desde entonces (aparte de acordarme de ella y toda su estirpe por otros motivos). Nos animó a escuchar a nuestros cuerpos y llegar a donde ellos nos llevaran. Más tarde comprobé que aunque ella no lo hubiera mencionado, hay veces que no se puede ir más allá. Y cuando no se puede, no se puede.

El jarro de agua fría/cura de humildad llegó cuando dijo:

“Now I’ll give you some time to practice your handstands.”

Sorry, my what? Nótese el matiz que aporta el plural en la frase. Sí, efectivamente la gente tenía más de un handstand que practicar. Y de repente ahí estaba yo, en medio de una pandilla de aspirantes a enrolarse en el Circo del Sol, preguntándome qué iba a ser de mí durante el resto de la clase. ¡Ah! ¿Os acordáis de las dos recién llegadas como yo? Mentira cochina. Esas podrían haberse ido de cañas con el mismísimo Budha.

yogi cat

via Reddit

He de decir a mi favor que, durante alguna fracción de segundo, conseguí mantenerme sólo sobre mis manos. Aunque eso, como le decía Woody a Buzz, no es un handstand, es caer con estilo. Quiero pensar que mantuve la dignidad en todo momento, pero lo más probable es que diera bastante penita…

Pero ahí aguanté como una campeona. Asana va, asana viene cuando yo lo que realmente necesitaba era un asana asana culito de rana en mi dolorido cuerpecillo.

just here savasana

via SpiritualGangster

Y a continuación, las tres cosas que aprendí ese día:

  • El postureo healthy-espiritual tiene su punto. La quinoa está rica y M. me ha llevado a un pijisitio estupendo donde la ponen.
  • Es un buen ejercicio pasar dos horas sin escapatoria en lo que yo misma he bautizado como “un baño de vergüenza”. No hay nada como ser la peor de un sitio para que no te quede más remedio que echarle morro. Es una experiencia liberadora que sienta muy pero que muy bien.
  • Necesito ponerme en forma YA.

B.

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