Maravillas del verano inglés

flakevia Pinterest

Cuando empecé este blog me juré a mí misma no caer en el recurso fácil de escribir sobre el clima británico. Todos lo sabemos, está muy trillado, aquí el tiempo es una mi*rda. Pero, en mi juramento no dije nada al respecto de las estaciones del año en Inglaterra y por ahí me voy a escapar hoy, que comparto con vosotros dos observaciones con espíritu pseudocientífico sobre las inglesas y el verano en este país.

(Quiero que se tenga en cuenta que voy a hacer un gran esfuerzo por que el hecho de estar empapada en pleno mes de julio, intentando dejar de tiritar delante de un café calentito no mine mi objetividad ni agrie mi alegría y optimismo habituales al escribir.)

Durante el verano en Londres se produce un fenómeno paranormal muy chungo (supongo que se habrán dado más casos en el resto de Reino Unido, pero yo hablo de lo que sé). La cuestión es que a partir de una determinada fecha, que según mis observaciones sería a finales de mayo/principios de junio, está socialmente aceptado que las inglesas sean naranjas. Tal cual. Imaginad mi asombro cuando, sin que a mí nadie me avisara, empecé a ver cómo este síndrome afectaba a más y más mujeres a mi alrededor. ¿Qué me he perdido? – me preguntaba yo atónita – ¿Habrá comenzado la temporada de la zanahoria? ¿Estarán celebrando el trigésimo-tercer cumpleaños de Naranjito?

Nada de eso, queridos. Resulta que cuando en España nos estamos quitando el sayo, aquí se dedican a quemar la oferta de 3×2 en autobronceador (visto lo visto, lo del quitarse el sayo nunca acaba de ser buena idea por estas latitudes…).  Mi pregunta entonces es: ¿A quién pretendéis engañar, almas de pollo? Es una mentira a voces que de la que todo el mundo está al tanto y que además favorece bastante poco. ¿De verdad ése es el efecto que buscabais u os pasasteis contando misisipis como Ross?

Que no se me enfade nadie, que conozco a muchas personas que juran por su autobronceador y no lo han llevado hasta este nivel. Y vale que yo soy defensora a ultranza de la palidez natural (en parte porque no me queda más remedio), pero ¿de verdad que éste puede ser el ideal de belleza de alguien? Bueno, retiro la pregunta porque no quiero que mis juicios desvirtúen el afán científico de este post. Si las inglesas son fans del look Valentino para pasar el verano, allá ellas.

summer rainvia We Heart It

Y como no todo va a ser rajar, ahora me toca reconocer algo que las inglesas hacen mil veces mejor que las españolas. En este país, mujeres de todas las edades son capaces de salir a la calle luciendo vestidito minifaldero, sin medias, con sandalias y gafas de sol, que les caiga encima un chaparrón que ni el que casi nos extingue a todos y, atención que viene el bombazo, no perder la dignidad en ningún momento. ¿El reflejo de agachar la cabeza e incluso sacar un poco de chepa cuando vas por la calle y empieza a llover a cántaros? Aquí no lo conocen. ¿El de “vamos a esperar un rato apelotonados debajo de la cornisa a ver si escampa”? Tampoco. Y la verdad es que no me extraña. El primero es totalmente inefectivo para el fin de no mojarse y el segundo, dadas las características más bien húmedas del clima, puede llevarte a pasar dos meses de tu vida atrincherado en un soportal.

Aquí son más de cabeza alta y continuar avanzando pisando fuerte, aunque sean charcos lo que pisen (esto podría ser una metáfora de una actitud ante la vida, pero no, es literal). De chochorts, tirantes y chanclas diga lo que diga el hombre del tiempo. Supongo que esta característica de comportamiento tendrá su origen en la adaptación al medio de las especies. Generaciones y generaciones de británicas pasadas por agua han llevado a esto.

Y la verdad es que yo, que me siento absolutamente miserable en el momento en el que se me mojan los pies, que tengo las sandalias acobardadas en el fondo del armario desde aquel paseíto veraniego que terminó en amago de pulmonía, no puedo admirarlas más. Lo sé, me queda mucho que trabajar para alcanzar mi completa mimetización con esta gente. Prometo emplearme a fondo. Con lo de no hundirme cuando me moje, por supuesto. Al autobronceador no pienso ni acercarme.

B.

P.D.: Para maravilla del verano inglés, los helados con flake como el de la primera imagen. Reconozco que, como adicta a ellos, estoy a un tris de que algún día me pase esto.

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