Lecciones de vida de una ex-tendera

eeshvia A cup of Jo

Hace unas semanas acabó para mí la aventura como tendera (dicho así parece que me hubieran echado de Supervivientes, pero no, me fui yo solita). Tenía algunos motivos para dejar el trabajo así que me armé de valor y lo hice. Pero yo, que soy una persona profunda y reflexiva, no me fui de allí con las manos vacías (bueno, en cierto modo sí, porque todavía estoy esperando a que me paguen el mes de julio), sino que abandoné el pintauñas gigante con ciertas cosas bien aprendidas sobre mí y sobre la especie humana en general. Y como, además de profunda y reflexiva, soy generosa (no tengo abuela, no), a pesar de la vergüenza que me da, estoy dispuesta a compartirlas con vosotros en este post:

>> No importa que creas de antemano que la respuesta va a ser un “no”, hazlo de todos modos <<

En la tienda donde he estado trabajando teníamos un guión que repetir con todas y cada una de las clientas. Un pequeño show para enseñarles los productos e incitarlas a comprar como si no hubiera un mañana. Bueno, pues por muy bien que te supieras la teoría, había veces en las que el sentimiento de “con esta tía no voy a llegar a nada” era tan fuerte que de verdad te quitaba las ganas de intentarlo (vale, esta frase también se puede aplicar a la hora de ligar, pero no van por ahí los tiros). La cuestión es que, cuando te sobreponías a la sensación de “me va a mandar a la mie*da” e ignorabas lo que la otra fuera a decir o pensar, la mayoría de las veces te salías con la tuya habiéndole vendido más de lo que pensaba comprar. ¡Já! Conclusión: nos suele ir mucho mejor si no nos saboteamos antes de intentarlo.

>> Los complejos son múltiples y variados pero todos tienen algo en común: son estúpidos <<

Estoy a favor de que todo el mundo tenga derecho a elegir lo que, a su entender, más le favorezca. No discuto eso, pero es que lo de las mujeres es de traca…

“¿Ese color para mí? ¡Ni loca! Con lo pálida que soy…” 

“No, yo no puedo llevar tonos claros porque me hacen parecer más oscura.” 

“Yo sólo me las puedo pintar de rosa claro porque tengo los dedos muy gordos.” (!?!)

“Purpurina no, que destaca demasiado el volumen que de mis uñas.” (!!?!!)

“Tengo las uñas demasiado pequeñas como para llevarlas pintadas de verde.” (!!!?!!!)

En serio, ¿qué clase de problema tenemos? Una vez más, ahora de otro modo, nos encanta autoimponernos noes que no tienen ningún tipo de sentido. Si consiguiéramos dejarnos de tanta tontería…

 >> Las convenciones sociales son eso, convenciones sociales <<

Y, queridos, no tiene sentido juzgarlas duramente basándose en otras convenciones sociales. Ejemplo:

– ¿Naranja para las uñas? ¿Estamos locos? Habrase visto… – dijo la señora escandalizada, con sus uñas pintadas de rojo. 

 En serio, señora, ¿qué tipo de norma universal le confiere poder para despotricar de un color, frente a otro que es tan antinatural y artificial como el primero? Yo personalmente no lo puedo comprender. Y eso que aquí estamos hablando de uñas, que al fin y al cabo da bastante igual lo que haga cada uno con las suyas… Pero, ¿de verdad hay que manifestar ese radicalismo por semejante pego?

Una vez más, por supuesto que cada uno puede tener sus preferencias estéticas. Es lo de aferrarse a su opción como la única legítima lo que me da mal rollo. ¿No os suena a actitud peligrosa si se extiende a otros ámbitos? Por cosas como ésas se han empezado guerras, ya os lo digo… (No veáis cómo filosofaba yo cuando me dejaban sola en la tienda. Da hasta un poco de yuyu que se me fuera tanto la pinza, ahora que lo pienso…)

>> El cliente que llega dos minutos antes de cerrar no es bienvenido <<

Todos hemos sido ese cliente alguna vez y nos ha sentado mal la miradita de desprecio que probablemente hayamos recibido. “¿Será posible? ¡Encima de que vengo a gastar dinero en su tienda!” Pues queridos, el pensamiento de una tendera se parece más a “¿Qué car*jo querrá esta petarda ahora que estoy a punto de irme a casa?” Es inevitable y, aunque en ningún caso es aceptable que la tendera en cuestión manifieste sus pensamientos de este tipo, un poquito de comprensión por parte del cliente tardón nunca viene mal. Que el cliente siempre tiene la razón, sí, pero nada le da derecho a colarse por debajo de la persiana cuando tengo el chiringuito medio cerrado (y darme un susto de muerte ¡leñe!).

B.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s