Que Dios nos pille entrenados

Steadyvia 500px

Cada día desde hace una semana pienso que me precipité al escribir la entrada sobre el chominosismo británico. Hay que ver lo pesados que pueden llegar a ponerse en este país, pobrecitos míos… Pero seré buena y no os torturaré con más detalles de mis andaduras burocráticas. Ya quedó claro que los ingleses no son muy ágiles, ¿no?

Pues precisamente de agilidad va esta entrada de la agilidad que me he propuesto ganar (¡toma ya! ¡qué bien hilado! Mamá, ya mismo me fichan para presentar el telediario). Porque, queridos lectores, ésta que escribe ha decidido darle una oportunidad al running (tengo un blog, soy runner… ¡debo de estar a un tris de hacerme influencer!). Sí, sí, yo misma. Yo, que toda la vida he visto bajar mi media por la nota de Educación Física. Yo, que dejaba de correr cuando la profesora no miraba. Yo, que de marzo a junio hacía trabajos escritos sobre las Olimpiadas porque mis asmáticos pulmoncillos no daban para más.

Pues resulta que necesito llenar mis días con actividades diversas (por este mismo motivo he acabado matriculándome a la aventura para examinarme del Proficiency en menos de dos semanas. Ya os contaré qué tal se me da…). Y resulta que me quiero poner en forma y, hasta que no tenga ingresos, mejor será que no me apunte al gimnasio, aunque a mí lo que me gusta de verdad son las clases de dar brincos. Además resulta que nuestra casa nueva, a la que nos mudamos este finde (!!!), está al lado de un parque idílico lleno de inglesas fantásticas que corren sin despeinarse. Y resulta también que hay una loca (dicho con amor, siempre) que dice que está dispuesta a apuntarse a una carrera conmigo. Cinco kilómetros. Más de dos meses para prepararla. Admiten a niños de todas las edades. Debería ser capaz de hacerlo.

Ni corta ni perezosa, el viernes me compré unas zapatillas y lo menos que se despacha en outfit deportivo y el domingo salí a estrenarlo todo. Mi cinta en el pelo, mis leggings nada favorecedores, mi aplicación de correr preparada, mi calentamiento inicial, mi programa de intervalos súper estudiado… ¿resultado? Doce minutos más tarde tenía la cara morada, la vista medio nublada y un pulmón en la mano. Dediqué algunos minutos más a caminar mientras recuperaba la respiración, más que nada para que M. no llamara a una ambulancia cuando me viera aparecer por la puerta. ¡Ay madre! Qué malo es el deporte…

phoebe runningvia RunFitners

Desde entonces he enfrentado la actividad con otro enfoque, inspirada por algo que he leído sobre asmáticos masoquistas (¿asmasoquistas?) a los que les da por correr y sobre todo por aquella clase magistral de yoga. Todo eso de “escucha a tu cuerpo y haz lo que él te pida” es ahora mi religión. Puede ser porque después de mi primera carrerita realmente oyera a mi cuerpo más de lo que me hubiera gustado (¿conocéis a Darth Vader? Compartimos inhalador.). O porque como intentara a mantener ese ritmo iba a salir a correr otra vez Rita la cantaora. No lo sé. El hecho es que hoy he seguido mi propio plan de entrenamiento y la cosa ha ido mucho mejor. Ahora mis intervalos consisten en correr hasta creer que voy a morir y andar hasta que vuelvo a la vida. Es cierto que, por ahora, ando mucho más que corro. Y vale, de momento correr, lo que se dice correr, no corro. Es más bien un trote cochinero. De cerdo fumador. Pero por algo se empieza, ¿no?

Veremos a ver lo que me dura la afición. De momento mi mayor motivación es visualizarme buenorris, lograr mantener en niveles aceptables el flujo de oxígeno al cerebro y lucir mis zapatillas nuevas que las elegí la mar de horteras, como buena runner. Veremos a ver. Seguiremos informando.

B.

Viva la gente que hace lo que le da la gana

Barbara Beskindvia Business Insider


Y vivan las empresas que apoyan a esta gente.

La señora de la foto se llama Barbara, tiene 91 años y es diseñadora en Silicon Valley. Ha tardado más de 80 años en llegar adonde siempre había querido (prefiero que me maten a utilizar la expresión “cumplir su sueño”) y ahora dice estar viviendo uno de los capítulos más felices de su vida. Trabaja para IDEO, rodeada de cracks que podrían ser sus nietos. Porque niñatillos con hoodies ya tenían muchos y era necesario que alguien aportara un poquito de perspectiva real de la vida.  Su historia lo está petando en internet, la podéis leer aquí o escuchar aquí.

Lo que me gusta de ella es que con los años no se ha resignado a hacer calceta y tomarse la tensión tres veces al día (que igual también lo hace la mujer, no lo sé). Eso es lo que se esperaría de ella, que amortizara su seguro médico (o tirara de seguridad social si en EEUU hubiera) y viviera sin dar mucho ruido hasta que llegara su día, perdiendo casi al mismo ritmo la vista y las ganas de vivir. Por el contrario, ella tiene una enfermedad degenerativa en los ojos y ha inventado unas gafas que le ayudan a reconocer a la gente. Sus amigos tienen miedo a caerse y romperse algún hueso y ella ha patentado varias soluciones que cuentan con bolsas de aire que se hinchan antes de llegar al suelo (ahí se le ve olfato comercial a la abuelilla…).

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via For Such a Time Designs

Y encima compartimos lema: “Embrace change”. Ella añade “and design for it”, pero creo que el resto de los mortales sólo con la primera parte ya tenemos trabajo para rato.

Yo lo único que digo es que si no nos gusta lo que hacemos, tenemos que mover el culo para cambiarlo porque nunca es tarde para hacerlo. Hasta que realmente sea demasiado tarde (y todo el mundo sabe que no hay muchas opciones dentro de una caja de pino). Y ahora os dejo, que tengo que escribir covering letters.

B.

 

P.D.: ¿Lo habéis notado? ¡Nueva categoría! Porque no soy tan ilusa como para pensar que os iba a retener mucho tiempo por aquí a base de contar mis batallitas…

“Los ingleses son muy chominosos”

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 via Pinterest

A pesar de que no apruebo las generalizaciones y que odio los tópicos, necesitaba ascender esa frase a la categoría de título. Y es que no puede tener más razón, al menos en lo que a burocracia se refiere. Semejante sentencia fue pronunciada hace unos días por mi maestro en el camino de la expatriación, mi querido y elocuente M. Desde entonces, el tiempo no ha hecho más que darle la razón.

Como ni siquiera estoy segura de que “chominoso” sea un término empleado en todo el territorio hispanoparlante (y mi experiencia me dice que aportar el sinónimo “pegoso” va a servir de poco), procedo a ilustrar a los desconocedores de este bello palabro con algunos ejemplos muy gráficos de chominosez:

1.- Chominoso es el que te exige presentar una proof of address para solicitar el número de la seguridad social británica. Como proof of address se acepta una factura de la luz o del agua o un extracto del banco que venga a tu nombre. La cosa se pone interesante cuando para abrir una cuenta bancaria te piden también una proof of address, preferiblemente la carta en la que te conceden el número de la seguridad social. Bienvenidos al bucle infinito de todo el que intenta instalarse en este país.

2.- Chominosa es la petarda que, cuando llamas por teléfono para anular tu cita para la entrevista personal porque no has conseguido salir del bucle y no tienes proof of address, te dice que aceptan una factura a nombre de M. y una carta firmada por él diciendo que vivimos en el mismo piso. Valiosa información, sin duda, si no fuera porque queda una hora para la entrevista y estás en casa en pijama. Os voy a ahorrar el estrés de los detalles, sólo os digo que en una hora conseguí encontrar una factura de no-sé-qué, que M. me enviara la carta por email, grabarla en un pen, prepararme para salir de casa, llevarla a imprimir, pagar los £2,24 que me cobraron por dos copias (!?!), pillar un taxi al vuelo y llegar al Jobcentre Plus tres minutos antes de la cita.

3.- El colmo del chominosismo es que, después de todo el show, el flamante funcionario británico te “entreviste” (léase “rellene un formulario con los datos de tu pasaporte”) durante cinco minutos y le importe un pepino dónde vives y con quién. Después de la tabarra que habían dado con la proof of address, yo daba por hecho que si no me la pedían era porque pensaban denegármelo todo. Pues no. Una semana más tarde llegaba a casa mi preciado número de afiliada. Todavía lo pienso y tengo que contener las lágrimas de emoción. Cuando M. tuvo que hacer el mismo trámite (ya con un contrato de trabajo fijo en la mano) prácticamente le hicieron el tercer grado en la entrevista y tardaron seis semanas en enviarle su número. Le debieron de ver cara de maleante… ¿Y a mí? ¿De no haber roto un plato en la vida?

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 via GoogleImages

Podría seguir describiendo exhaustivamente episodios como estos, pero no quiero pecar de chominosa. Pero hay más, ¿eh? Con decir que la cita en el banco (sí, te hacen pedir cita en el banco) pretendían dármela para mediados de julio…

B.

P.D.: Sr. David Cameron, si lee usted esta entrada, sepa que es todo bromi. Estaré eternamente agradecida al Reino Unido por haberme acogido y lo último que quiero es que usted nos corte el grifo a los inmigrantes honrados como yo.

Aventuras y desventuras de una yogi novata


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via MindBodyGreen

El viernes fui por primera vez a un estudio de yoga de verdad. Hasta ahora había practicado en clases de gimnasio o en casa, pero el otro día comprobé que no tienen nada que ver con un intensivo de dos horas con una gurú internacional del yoga. He descubierto músculos que no salen en los libros de anatomía. He visto articulaciones que vosotros no creeríais. Y hoy, domingo, aún me duelen hasta las pestañas si inspiro profundamente.

No me entendáis mal, fue una experiencia genial de principio a fin. Al llegar al estudio hablé con un par de chicas, las dos igual de perdidas que yo, y asumimos que las tres teníamos el mismo nivel “beginner pelao y mondao”. Debería haber deducido que no iba a ser todo coser y cantar oms cuando me hicieron apuntar en mi ficha el número de la persona a quien llamar en caso de que me diera un chungo o me quedara trabada en algún asana.

La profesora abrió la clase con un discurso sobre el yoga, la paz interior y la unidad del cuerpo y el espíritu muy inspirador. Lo digo totalmente en serio, dijo cosas sobre las que llevo reflexionando desde entonces (aparte de acordarme de ella y toda su estirpe por otros motivos). Nos animó a escuchar a nuestros cuerpos y llegar a donde ellos nos llevaran. Más tarde comprobé que aunque ella no lo hubiera mencionado, hay veces que no se puede ir más allá. Y cuando no se puede, no se puede.

El jarro de agua fría/cura de humildad llegó cuando dijo:

“Now I’ll give you some time to practice your handstands.”

Sorry, my what? Nótese el matiz que aporta el plural en la frase. Sí, efectivamente la gente tenía más de un handstand que practicar. Y de repente ahí estaba yo, en medio de una pandilla de aspirantes a enrolarse en el Circo del Sol, preguntándome qué iba a ser de mí durante el resto de la clase. ¡Ah! ¿Os acordáis de las dos recién llegadas como yo? Mentira cochina. Esas podrían haberse ido de cañas con el mismísimo Budha.

yogi cat

via Reddit

He de decir a mi favor que, durante alguna fracción de segundo, conseguí mantenerme sólo sobre mis manos. Aunque eso, como le decía Woody a Buzz, no es un handstand, es caer con estilo. Quiero pensar que mantuve la dignidad en todo momento, pero lo más probable es que diera bastante penita…

Pero ahí aguanté como una campeona. Asana va, asana viene cuando yo lo que realmente necesitaba era un asana asana culito de rana en mi dolorido cuerpecillo.

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via SpiritualGangster

Y a continuación, las tres cosas que aprendí ese día:

  • El postureo healthy-espiritual tiene su punto. La quinoa está rica y M. me ha llevado a un pijisitio estupendo donde la ponen.
  • Es un buen ejercicio pasar dos horas sin escapatoria en lo que yo misma he bautizado como “un baño de vergüenza”. No hay nada como ser la peor de un sitio para que no te quede más remedio que echarle morro. Es una experiencia liberadora que sienta muy pero que muy bien.
  • Necesito ponerme en forma YA.

B.

We did it!


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via This is glamorous

Sí, al más puro estilo Dora la exploradora… ¡¡lo hicimos!! ¡Habemus casa! Ha sido muy intenso y todavía no me creo que lo hayamos resuelto en sólo dos días, pero estoy feliz. Es genial saber que en tan poco tiempo podré estar 100% instalada en Londres, en una casa que será al 50% mía.

Bueno, aún tenemos que superar el background check, pero, si todo sale como debería, el 3 de mayo nos mudamos. A los ingleses les gusta jugar a los detectives y por eso cuando intentas alquilar una vivienda (a property, como lo llaman aquí) tienes que dar información hasta de tu ropa interior y acceder a que unos señores un poco bordes te investiguen. Espero que no tengan ningún problema con nosotros porque pienso mudarme a esa casa, lo aprueben ellos o no.

Bay window

via Design Mom

Es que mola mucho. En una zona genial, un period conversion de ladrillo rojo con bay windows, estanterías donde apilar un montón de libros, espacio para los pianos de M. …  y, oh sí, una habitación extra con cama para invitados. Incluso el pub de la esquina ha pasado ya nuestro examen y es estupendo. ¿Un inconveniente? Nos va a tocar camelarnos al landlord para que nos deje adoptar una mascota porque de momento no está por la labor… No podía ser perfecto, ¿verdad?

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via Wit & Delight

Ahora sólo queda acabar con los trámites para dejar de ser ilegal en Londres, quemar Pinterest buscando ideas deco y cruzar los dedos para que la búsqueda de empleo sea tan provechosa como la de casa. ¡Que la preciosidad que hemos encontrado no se va a pagar sola!

B.

 

PD: Si conocéis a alguien que se llame Omar en UK, como es el caso de nuestro agente inmobiliario, intentad no saludarlo con un “Hi Omar!”, pronunciado “Jai Omáa”, haciendo gala de un bonito acento británico. Es prácticamente imposible reprimir un “qué rica” a continuación, a lo Miki Nadal. Y eso, queridos amigos, no es algo que quieras decirle al señor que pretendes que te alquile una casa.

Huevos de pascua everywhere 

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via The Curvy Carrot

Decirle adiós a las torrijas de mi madre habría sido mucho más fácil si hubiera sabido cómo se lo montan los ingleses. Aquí la Semana Santa es un pretexto para comer chocolate en todas sus variantes, formas y tamaños: easter eggs, easter bunnies, easter mcflurry(¿!?)… Así que no me ha quedado más remedio que aplazar mis buenos propósitos de vida ecohealthy y dieta orgánica. Todo sea por la integración en la cultura del país que ahora me acoge.

Lo suyo, a la manera británica, sería esconder los huevos de pascua y organizar una búsqueda para encontrarlos, pero yo prefiero no andarme con tonterías… El chocolate mejor comérselo cuanto antes, no vaya a ser que luego se pierda y tengamos un disgusto. Sí que disfruté mucho del programa especial Easter Eggs in Disney Movies que pusieron en la tele. Llaman así a sorpresitas ocultas en las películas que si las encuentras tú solito flipas y, si no, cuando te las cuentan te quedas loquísimo. Por ejemplo, ¿sabíais que cuando Baymax estrena su puño lanzable, éste va a parar a una estatua de Hans, el malo malísimo de Frozen? Y es que estos easter eggs nos pueden hacer pasar muchos buenos ratos más allá del consabido e inevitable atracón…

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via Dorkly

Empachos aparte, mis primeros días aquí han coincidido con un National Bank Holiday (así llaman los british a hacer puente). Los pobres tienen tan pocos puentes al año que cuando pillan uno se vienen arriba: todo cerrado, nada de tráfico y gran parte de los londoners fuera de la ciudad. Como M. no trabajaba, y en nuestro afán por adaptarnos al medio, nos hemos dedicado a vacacionar como cualquier inglesito de a pie. Eso sí, aprovechamos para ir contestando a anuncios de pisos que nos gustaban y aprovechamos nuestro paseos para explorar posibles barrios donde vivir. Londres tiene de especial que una misma calle puede pasar de ser guay a chunga, luego otra vez guay y luego muy chunga, de manera que nunca sabes qué esperar. Igual resulta que el que parecía el piso de tus sueños, en la zona cool y animada que te encanta, está justo encima de la sucursal londinense de Proyecto Hombre y no es que la calle tenga mucho ambiente, es que hay una fila de yonkis esperando su metadona. Eso sí que fue un huevito de Pascua y no los de Cadbury. El pobre M. ni subió a ver el piso.

Esta mañana los ingleses han vuelto al cole y yo he empezado a tope con los quehaceres propios del inmigrante: trámites varios y búsqueda de trabajo a muerte. Pero definitivamente contestamos a demasiados anuncios en Zoopla (el Idealista de aquí) y hoy me ha tocado sufrir en mis carnes el acoso telefónico de las agencias. Si me daba algún canguelito hablar por teléfono en inglés, lo de hoy ha sido una terapia de choque estupenda, hasta el punto de tener que montar un Excel y un calendario compartido con M. para aclararme. Si alguien me necesita para algo, me temo que lo tengo todo cogido hasta dentro de dos semanas o tres.

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via Martha Stewart

De momento hemos empezado fuerte, hoy he visto tres pisos. Idealmente perfectos, sin una pega que ponerles sobre el papel (o la web, según el caso). Pero todos y cada uno de ellos escondían un huevo de pascua a cual más tremendo. El primero de ellos me sorprendía con una “well-sized kitchen” en la que cabía de perfil y con dificultad. En el segundo, que se suponía que estaba totalmente amueblado, he tenido que preguntar por la nevera. Era tamaño camping y estaba perfectamente justificado que no la hubiera visto. ¿A quién se le ocurriría buscarla debajo del fregadero? El último, el más preciosísimo y prometedor de todos, tenía preparada para nosotros una sorpresa estupenda. Para subir a la cama había que emular a la cabra de los gitanos (al más puro estilo pa’rriba Catalina, que diría mi padre). No quiero ni imaginarme bajando esa escalerilla con mi agilidad mañanera…

Se aceptan apuestas: ¿Qué easter eggs dejaré de ver antes? ¿Qué ocurrirá primero, que M. y B. encuentren donde vivir o que los supermercados se deshagan de sus excedentes de huevos de chocolate ahora en oferta? Sea lo que sea, saldré ganando en cualquier caso, porque como siga viendo esos 3×1 mucho más tiempo… ¡No respondo!

B.

 

P.D.: Empiezo a sospechar que mi nombre va a suponer un obstáculo para mi completa mimetización entre los anglosajones. Hoy me han llamado Belena, Belem, Bilen, Millie y Vincent. Espero que ésta última se haya equivocado de persona directamente porque si no estoy bien jo**da…

 

 

Que empiece la aventura

via FullQuiverDesigns

via FullQuiverDesigns

3 de abril de 2015. Retransmitiendo a unos 30 000 pies del suelo. En una hora y cuarenta minutos aterrizaremos, mis 40,5 kilos de equipaje y yo, en Londres. (El señor del mostrador de facturación ha tenido la amabilidad de no cobrarme los 500 gramos de más. Le estaré eternamente agradecida por ello.) La temperatura en destino es baja y está muy nublado. Si me mudara a Cancún sería raro, pero en Londres es lo que hay. Espero sobrevivir al shock térmico después de los 30º que hemos tenido en Córdoba los últimos días.

Mis esfuerzos por mimetizarme con mis futuros compatriotas ya han dado sus primeros resultados. En el aeropuerto se han dirigido a mí en inglés y me han preguntado si entendía el castellano. Eso mismo debería haberse preguntado la del control de seguridad antes de ponerse a rajar a dos palmos de mí. La he entendido perfectamente y se lo he hecho notar. Ahora que lo pienso, igual no debería habérmelo jugado tanto con la persona que tenía en su mano dejarme en tierra…

Su frase ha sido: “A ésta le falta alegría de vivir”. Yo, en lugar de ponerme a su altura y decirle que a ella lo que le faltaban eran dos dedos de frente (sabe Dios que me he tenido que contener), le he dicho con la mejor de mis sonrisas que tenía más alegría de la que le cabía a ella en el cuerpo. Vale, ahí sí que había un punto de maldad porque la mujer era un retaco.

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Y volviendo a la alegría de vivir, la pobre segurata no podría haber elegido un peor momento para hacer su comentario. Hoy, a escasas horas de comenzar mi aventura en Londres, me sale la felicidad por las orejillas. Vale que de momento no tengo casa ni trabajo con el que pagarla, pero con mi billete de ida y M. esperándome en Gatwick, ¿qué más puedo pedir?

B.

P.D.: No se recomienda el uso de bolígrafos Pilot a bordo de un avión (Qué paradoja, ¿no?). Revientan y lo ponen todo perdido. No, azafata, le repito que no me he peleado con ningún calamar.

P.D.2: Tal era mi “alegría de vivir” que hoy, por primera vez en mucho tiempo, no me he podido dormir durante el vuelo. De hecho, dudo que alguna vez en mi vida haya sido capaz de tamaña proeza.